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Bali, la isla de los dioses y el Templo de Tanah Lot

Tanah Lot

Bajo un cielo limpio y un clima fresco, la isla de Bali me da la bienvenida. Ha sido largo el tiempo que llevo esperando a poder conocer este lugar y, a pesar de la insalubre cantidad de horas que he pasado de viaje (dos vuelos de cinco horas cada uno más un transbordo de ocho en Singapur) y un cansancio que pesa más que mi propia mochila, estoy de un humor inmejorable.

Cambio una pequeña parte de los pesos filipinos que he traído conmigo —esa moneda de tan escaso valor— para poder pagarme un taxi a Seminyak, una zona costera más tranquila que festiva donde mi familia me espera, y ya durante el trayecto puedo observar algunas de las cualidades de ésta hermosa isla.

Tanah Lot

Llegada a la isla de los dioses

Bali es una de las provincias de Indonesia, probablemente la más conocida de todas. Su cultura es única en el país y en el mundo, puesto que por un curioso fenómeno geográfico el islam no llegó a establecerse de la misma forma aquí que en el resto de Indonesia. De hecho, y aunque las cifras bailan dependiendo de con quien se hable, se reconoce que alrededor de un 86% de la población es de religión hinduísta balinesa, seguido de un 13% de musulmanes. El resto de las minorías pertenecen al cristianismo y al budismo.

La isla de Bali, junto con el resto del país, también supone una parte del denominado triángulo coralino, una región de más de seis millones de metros cuadrados comprendida por territorio filipino, malayo, indonesio y polinesio que alberga la mayor riqueza en cuanto a biodiversidad marina del mundo. El epicentro de éste territorio es la zona llamada Raja Ampat en Papúa Occidental —una de las provincias de Indonesia—, extensión de más de 40.000 kilómetros cuadrados compuesta por más de mil quinientas islas que se considera el santuario marino más importante del mundo.

Tanah Lot

Playas de Seminyak

Para que os hagáis una idea, el territorio que comprende éste triangulo es siete veces el que ocupa el Caribe entero. Cuando comencé este viaje en 2015, esta zona y en particular Raja Ampat eran mis penúltimos destinos a recorrer. Ese momento aún queda lejos, pero se va acercando.

A lo largo de los siguientes post voy a ir desgranando lentamente la interesante cultura de esta sociedad, así como desmitificando ciertas leyendas —turísticas— sobre la isla en las muchos creen ciegamente, empezando por mí mismo cuando llegué.

Bali, para lo bueno y lo malo, es uno de esos lugares tan emblemáticos que motivan la creación de un sinfín de historias y mitos. Unos son ciertos. Otros, muy alejados de la realidad.

Tanah Lot

Una foto al estilo extranjero clásico: brazos cruzados y pierna en alto.

Reencuentro familiar

Llego al hotel a través de unas estrechas calles bastante abarrotadas de tráfico porque sí, en Bali hay mucho tráfico, he ahí algo que no esperaba que se hace algo más liviano porque todas las ciudades y carreteras de la isla están repletas de templetes, altares y otras representaciones. Además, aquí los colores irradian un fulgor especial y albergan unas tonalidades deliciosas que me hace pensar, nuevamente imposible evitarlo, en la escala de grises derivada de las nocivas humaredas de tubo de escape que se disfruta durante el tráfico de Manila. ¿Tan difícil es hacer una ciudad que no parezca un mausoleo norcoreano?

Mi padre me recibe en la recepción del hotel y luego me encuentro con el resto de los míos. En mi cabeza se asoma el pensamiento de que tras tanto tiempo sin verles quizá hayan cambiado físicamente, pero para mi sorpresa se les ve estupendamente. De hecho, el que parece el guardián de la cripta ahí soy yo, torcido y ojeroso, arrastrando la mochila como esos fantasmas penitentes que van encadenados a una bola de cañón.

Casi se me saltan las lágrimas ante la perspectiva del plan de ese día: nada. Playa, surf, piscina, comer, sol, playa, leer, dormir. Vacaciones más que necesarias que van ayudando a mi piel traslúcida de Michael Jackson a ganar tonalidades doradas, a sustituir los recovecos oscuros de mis ojeras de segunda temporada de The Walking Dead por ojos reales de ser humano.

Desde el delicioso azul de la piscina suspiro. Todo se ve mejor con una cerveza Bintang en la mano. La vida es bella.

Al día siguiente comienzan nuestros periplos turísticos. No quiero que mi familia, a pesar de haber demostrado bastante entereza a la hora de viajar, se machaque a autobuses y horas de recorrido de isla a isla. Principalmente por no perder tiempo y porque esas palizas me las puedo pegar yo solo sin problema alguno. Obviamente la moto tampoco es una opción, así que pregunto a una agente de viajes que tienen en recepción las tarifas para hacer ciertas rutas. Me sorprenden enormemente los precios que me dan: por menos de cuarenta euros nos montamos en una van bien amplia con chófer por el resto del día.

Aquí se resuelve el primero de los mitos que daba por asumidos: que Bali es caro. Bali, como el resto de Indonesia, es sorprendentemente barato.

Tanah Lot

Tanah Lot en el mar.

Tanah Lot

El primer lugar al que viajamos es Tanah Lot, al sur de la isla y relativamente cerca de Seminyak. Este templo es uno de los más tradicionales de Bali, y se encuentra en una formación rocosa a algunos metros en el interior del mar. Un shivaísta devoto de Shiva viajero llamado Dang Hyang Nirartha fue el que decidió establecer aquí, en el S. XVI, el lugar donde venerar a los dioses del mar, por considerar aquella ubicación divina. Se dice que una serie de serpientes venenosas custodian en lugar de malas energías y de los intrusos. También existe la leyenda de que el propio Nirartha creó la serpiente gigante que habita en la isla a través de su sari, esa toga que se anudan en la cintura y cuelga hasta los pies.

Tanah Lot es uno de los siete templos del mar que rodean la isla, y se tiene la creencia no lo he comprobado de que cada uno puede verse desde el siguiente, formando así una cadena que protege la isla.

Tanah Lot Tanah Lot

Durante la visita hallamos un puesto de café Luwak, el famoso café de civeta de Bali. Este se confecciona a través de las heces de las civetas ¡viscoso, pero sabroso! una vez devoran el grano del café.

He comprado una SIM card en Seminyak para acceder a internet antes de caer en estas cosas tan fácilmente: tras una búsqueda rápida sobre el tema, no tardan en salir a la luz un par de artículos en los que se habla de la explotación de civetas en Indonesia, y de cómo, para hacer café, el animal come en un mes lo que debería comer en un año.

No hay más que hablar. 

Nos quedamos sin café de civeta, pero a cambio acaricio el pelaje de una que cuelga durmiente de una rama, pues hay varias rondando. No sé si las han sedado o las tienen entrenadas, pero  algo de ternura no creo que esté de más.

Tanah Lot

Una civeta. ¿Drogada o descansando? Hagan sus apuestas…

Me sorprende el tamaño del recinto por el precio pagado: dos euros. Este, aparte del complejo de los templos, goza de un área de mercado, varias superficies ajardinadas de cientos de metros y multitud de templos menores.

Nuestro camino de vuelta, tras tomar un refresco en un bar y tomarnos nuestro tiempo para recorrer el recinto, nos lleva al coche. La próxima parada es el templo Ulun Danu, la estampa más clásica de Bali.

Graduado en Turismo, mis mayores pasiones son viajar por el mundo y practicar artes marciales. Buscador de aventuras y experiencias, otras de mis aficiones son el diseño gráfico, bucear, el snowboard, los cómics y la escalada.

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