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Bosnia y Herzegovina: paisajes maravillosos y juguetes fabricados con balas de AK-47

Hay países de los que lo único que se suele saber es que han formado parte de una guerra. Bosnia y Herzegovina es uno de esos países. Hace menos de veinte años salía todos los días en el periódicos y eso ha dejado cicatrices en una región que, pese a todas las atrocidades que ahí ocurrieron en el siglo XX, merece mucho la pena visitar.

Viajar implica muchas veces buscar voluntariamente un choque cultural, abrir la mente y salir de nuestro círculo de confort, y visitar un país donde sabes que ha habido matanzas hace relativamente poco te hace cumplir con esos objetivos ampliamente. Aunque, si lo piensas, en cualquier país de Europa si decides trazar una línea recta de 300km desde donde vives hasta cualquier sitio seguramente puedas encontrar lugares con historias muy turbias. Lo único es que han pasado hace más tiempo, cosa que no nos impide disfrutar de un buen paisaje o, por ejemplo, una excelente gastronomía. Lo mismo pasa con Bosnia y Herzegovina.

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Mostar, capital de Herzegovina.

La Península balcánica es una región majestuosa, desde los extensos bosques de Eslovenia hasta las montañas de Montenegro que pueden hacernos recordar los famosos fiordos escandinavos, sin olvidar las preciosas calas croatas y, si nos alejamos más, las famosas Islas griegas y toda la historia que engrandece esa parte de Europa. Concretamente en Bosnia y Herzegovina podemos destacar bosques, lagos y ríos que conforman un paisaje idílico. Puede hasta recordarnos a Suiza. De hecho es uno de los lugares más populares de Europa para ir a hacer rafting y otros deportes de aventura. Además también han logrado ser reconocidos en otros aspectos de la cultura popular: Emir Kusturica es un director de cine con bastante prestigio en Hollywood (especialmente por sus películas Gato Negro, Gato Blanco; Underground y por haber sido elegido para dirigir el documental sobre Maradona). También, por ejemplo, presumen de ser endiabladamente buenos en ajedrez, afición muy arraigada en su sociedad (es habitual que los parques dispongan de mesas para jugar e incluso recreaciones de tableros considerablemente grandes).

No obstante, y desgraciadamente, este pequeño país es recordado mundialmente por otras cosas: fue en Sarajevo donde se asesinó al Archiduque de Austria dando lugar así a la primera Guerra Mundial; es el país donde ocurrió la masacre de Srebrenica en 1995, el mayor genocidio planeado desde la Segunda Guerra Mundial; su capital es recordada entre otras cosas por tener una avenida conocida popularmente como la Avenida de los Francotiradores, donde los tiradores serbios se hicieron tan famosos; y, sin ir más lejos, a las pocas semanas del lanzamiento de Pokemon GO, el gobierno tuvo que advertir a los jugadores de los peligros de cazar pokémons en campos de minas todavía activos. Y pese a ello merece la pena.

El podium olímpico de los juegos de invierno del 84. En la actualidad y tras la guerra, cuando se usó como paredón de fusilamiento.

El podium olímpico de los juegos de invierno del 84. En la actualidad y tras la guerra, cuando se usó como paredón de fusilamiento.

Haz de tu debilidad una ventaja

La guerra marca claro, eso es obvio, pero hacer de ello tu marca requiere valor. Y los bosnioherzegovinos van sobrados de ello. En Mostar, que es la capital de Herzegovina, puedes encontrar souvernirs fabricados con casquillos de balas disparadas durante el conflicto de los Balcanes. Aviones de combate que parece juguetes, colgantes, bolis, mecheros… cualquier cosa puede estar fabricada con la munición de un AK-47. También puedes visitar un museo cuya temática es “fotografías tomadas durante la guerra”. Para bien o para mal esto atrae turistas. Aunque, por supuesto, la ciudad ofrece mucho más: el famoso puente que separa la parte musulmana de la cristiana y que tuvo que ser reconstruido tras la guerra (desde el cual saltan al río algunos locales a cambio de unas monedas), las mezquitas, las calles que recuerdan a un zoco y los fantásticos pinchos morunos tan deliciosos de los que hacen gala.

Bolis y llaveros fabricados con casquillos de balas

Bolis y llaveros fabricados con casquillos de balas

Mostar, por tanto, es muy recomendable porque tiene mucho más que ofrecer además de recuerdos agrios. Es como cualquier ciudad turística de Europa. Pero es el camino hasta ahí lo que te hace reflexionar. Las carreteras aún son precarias y rara vez son de dos carriles, por los caminos secundarios es habitual ver tumbas a los lados –en ocasiones hasta cementerios enteros-, en los pueblecitos no es raro ver algún local totalmente destrozado y, en paredes y señales de tráfico, agujeros de bala.  Yo, como visitante, me sorprendí a mi mismo mirando embobado las cicatrices de algún oriundo, dando por hecho que se las hizo en la guerra, o incluso sorprendido porque en cada calle hay una cantidad notablemente superior de plazas reservadas a personas con algún tipo de minusvalía.

Nuevos tiempos

“Sólo los muertos han visto el final de la guerra” afirmó el poeta hispano-estadounidense George Santayana en su libro Soliloquios en Inglaterra. (Aunque esa frase se asigne a Platón en el principio de la película Black Hawk Down). Esta frase cobra sentido cuando uno visita un país como Bosnia y Herzegovina. Yo he nacido y vivido en un país donde rara vez nos hemos visto sacudidos recientemente por la violencia inconmensurada, y por tanto caigo en el fallo de no pensar sobre los Balcanes en otros términos que no sean los del conflicto, como si no hubiese terminado todavía. Pero el hecho es que sí,  las balas ya han sido disparadas y desde hace un tiempo sólo piensan en paz, reconstrucción y ofrecer a los extranjeros miles de rincones maravillosos.  

Periodista, con lo bueno y con lo malo. Amante de la historia, la actualidad, la tecnología, los videojuegos, los viajes y la música.

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