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Uluwatu y el mito de las playas en Bali

uluwatu

Ciertos aspectos de la isla de los dioses pueden desconcertar al turista que viene con ciertas expectativas predefinidas. Por ejemplo, que Bali es un lugar de playa.

No me entendáis mal: Bali tiene muchas playas y técnicamente es ese lugar. Sin embargo, puede ser por esa imagen mistificada que se ha forjado con los años, o quizá por la cultura del casamiento o por la herencia hollywoodiense de Come, Reza y Ama que, a mi parecer, tanto daño le ha hecho—, que una cantidad desorbitada de gente viene aquí buscando playas paradisíacas como las de Filipinas. Y se lleva un chasco.

Porque repito, Bali tiene playas. Pero, la mayoría de ellas, poco tienen que envidiarle a las de Fuerteventura o Menorca, por poner un par de ejemplos. Las diferencias básicas son dos: que el fondo marino de Bali es espectacular y que el aliciente de la vida de sol y playa en la isla, particularmente al sur, se centra en el surf.

Uluwatu

Calles de Legian

Días en calma

Es de esta manera que pasan muchos de los días con mi familia, y no me arrepiento de ninguno de ellos. Unos los dedicamos a conocer su legado cultural, otros, simplemente a tumbarnos al sol y disfrutar de unas vacaciones. Creo que en las últimas décadas viajar se ha transformado en una especie de “corre a verlo todo” y, a veces, nos olvidamos de tomarnos la vida con un poco más de placer, de disfrutar del momento en el que vivimos y preocuparnos menos de tanta foto.

En lo personal, esos días los dedico también a agarrar la tabla de surf y desarrollar mis habilidades recientemente adquiridas. Legian, la playa que tenemos a cinco minutos del hotel, es probablemente una de las mejores de Bali: es amplia y tranquila, está limpia, hay turistas, pero tanto espacio que no resulta un problema. Además, los precios son de los más baratos: por 6 euros tienes una hamaca y una tabla de surf durante toda la mañana.

Uluwatu

A pesar de todo, queremos comprobar qué más playas hay. Llevaba un par de días revisando en internet cuales eran, segun los residentes, las mejores playas:  todos me remitían a la zona sur, particularmente al área de Jimbaran. Leo también que existe un lugar llamado Dreamland Beach, una playa agradable donde dicen hay un interesante —y peligroso— rompeolas. Como está de camino a Uluwatu, que es la “visita familiar” del día, lo anotamos para hacer una parada y salimos hacia allá.

Dreamland Beach

Uluwatu

Dreamland Beach resulta ser una playa extraña a la que se accede a través de un resort a medio construir. A medida que la furgoneta va cruzando el monstruoso complejo veo edificios de ojos grises, vacíos y solitarios. Es el famoso Pecatu Graha, proyecto iniciado por el hijo del presidente Suharto y suspendido a mitad de su construcción, dejando aquellos esqueletos de hormigón anclados en el tiempo y levantando incomodidades al espectador.

La playa, no obstante, es agradable, está algo nutrida de gente y veo mujeres locales vendiendo cocos y agua fresca, además de ofrecer masajes con cierta insistencia. El rompeolas es magnífico y tan peligroso como avisaba internet: veo olas del azul más intenso elevándose cuatro metros por encima del suelo y rompiendo a pico en la playa sin compasión alguna. Cuando uno se adentra en las aguas, la marea tira con rabia y lo peor es que las olas parecen surgir de la nada, pues se forman en un espacio breve y de la misma manera estallan. En la zona norte veo algunos surferos tratando de domar las olas. Todo este área ubicada entre Jimbaran y Uluwatu resulta ser el cuarto mejor lugar del mundo para hacer surf.

Otras playas que resuenan por el camino son Nusa Dua, Padang Padang —a la que no bajamos por estar abarrotada y al fondo de un abismo de escaleras— y Sanur. Sin embargo, en mi podio personal sigo quedándome con mi Legian beach, puesto que para momentos playeros no sustituyo la calma y el surf por nada.

Olas rompiendo en Dreamland Beach

El templo de Uluwatu

El conductor de nuestra furgoneta, contratado por un módico precio, nos espera a la vuelta. Estamos secos y animados por el baño. Alrededor de media hora más tarde, bajo un sol radiante, la furgoneta acaba aparcando en el complejo de templos al borde del acantilado que es el templo de Uluwatu.

A pesar de que este templo tiene cierta fama de albergar monos, me sorprende hallar pocos rondando. Será que la sobremesa se nota, pues estamos en esa hora del mediodía en que el sol pega con fuerza y los primates tienden a ser bastante más inteligentes que su contrapartida humana al no asomar la cabeza.

Paseamos un rato por los caminos que discurren al borde de acantilados de más de setenta metros. Las olas rompen con fuerza abajo, la espuma se desprende de la roca como una telaraña blanquecina. Recuerdo que en su día Vittin me mostró este panorama en una foto cuando visitó Bali, por asemejarse en su perfil montañoso al templo Emei, a casi tres mil metros de altura. Efectivamente, el templo surge de la roca de tal manera, y así como cuenta la leyenda balinesa, Uluwatu parece ser el barco petrificado de la diosa del agua Dewi Danu. El templo, uno de los siete que bordean y protegen Bali con su poder mágico.

Uluwatu

Siendo honesto, no me resulta un lugar demasiado interesante. Es bonito, pero todas las estructuras y templos están vetadas para aquellos ajenos al hinduísmo balinés. Con lo cual, todo se observa desde fuera y no muy de cerca, aunque los paisajes son vertiginosos.

Abandonamos Uluwatu para hacer la comida. El resto del día lo pasaremos de la playa a la piscina y, Aunque pueda parecer demasiado relajado estando en una isla como Bali, no hay otra cosa que me pudiera apetecer más.

 


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Graduado en Turismo, mis mayores pasiones son viajar por el mundo y practicar artes marciales. Buscador de aventuras y experiencias, otras de mis aficiones son el diseño gráfico, bucear, el snowboard, los cómics y la escalada.

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