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La ardua tarea de vivir de una pasión, y cómo pretendo lograrlo

vivir de una pasión

Cuando abandoné España en Agosto de 2015 con la firme idea de lograr, en algún momento, lo que muchos definen ya como “traviajar“, aún no sabía ni cómo iba a hacerlo. Solo sabía que quería crear un trabajo con el que disfrutara —vivir de algo que me gustara, vamos— y a la vez me brindara suficiente flexibilidad como para poder currar en cualquier parte del mundo que tuviera internet a mano. Creía firmemente que a lo largo de mi viaje encontraría esa respuesta.

Vender el culo

Durante un tiempo, gracias a un buen lanzamiento y promoción de la web —comenzó en Mayo y en Junio ya tenía cinco o seis encargos— gané algo de dinero. Fui contratado para realizar artículos, vídeos promocionales, temas para agencias… pero fue en uno de estos trabajos en que las cosas cambiaron.

La experiencia en sí fue de lo más reveladora. No diré para quien fue el trabajo, porque son absolutamente encantadores y trataron de hacer lo posible por mí, además de que esta no es un marcador real de lo que ofrecen… Aunque si me pasó a mí, es obvio que a alguien más le puede pasar, pero como en todas partes, vamos. De lo que quiero hablaros es de lo que la experiencia me mostró.

Me alojé en casa de una mujer unos días para relatar mi estancia en la ciudad y hablar de la hospitalidad de la anfitriona para reforzar la imagen de la marca. Resultó que la señora estaba bastante desquiciada y me quería obligar a regresar a casa a las 21:00 a diario y por las noches me mandaba whatsapps subidos de tono —”¿te gustan las maduritas, Manuel? A mí me gustas. ¿Te gusto yo?” ¡Eeeeeeggggh!— para que fuera a su cuarto a hacer guarreridas. Fue durísimo. Obviamente no lo hice, pero aparte de traumatizarme, la vivencia me hizo comprender algo mientras me protegía de los whatsapps pornográficos del exterior entre las sábanas de aquella cama: iba a tener que mentir sobre mi estancia.

Esto llevó a la conclusión de que si iba a trabajar para promocionar alguna compañía, llámese agencia, hotel o lo que fuera, tarde o temprano me iba a tocar mentir. Y ni yo, ni por extensión mi blog, iban a ir por ese camino nunca. Decidí simplemente no publicar la experiencia y esperar a un futuro para completar el encargo con un anfitrión con quien realmente saliera bien, pero algo me quedó claro: no iba a ganar dinero vendiendo mi culo, aunque esto supusiera dejar de generar beneficios con el blog por una temporada.

Ganar dinero viajando y la salida del marketing online

Durante este tiempo investigué cómo ganan dinero con sus blogs los que están en la cima del mundillo. Unos lo hacían porque llevaban ya muchos años y al ser de los primeros tenían una base de datos enorme que habían generado a lo largo de mucho trabajo y viajes, además de ser algunos bastante buenos en lo suyo. Estos ya estaban más que consolidados, les ofrecían blogtrips, trabajos, etc., aunque por lo que he podido saber, algunos aún combinan un trabajo normal con el de bloguero porque solo de ello no pueden vivir.

Otros lo hacían gracias a su formación original, más flexible, que les permitía viajar y a la vez currar —diseñadores, agentes publicitarios, etc.—. Estos son los llamados nómadas digitales, y yo quería pertenecer a ellos. Como yo lo veía, un nómada digital no necesitaba vender su culo. Simplemente podían trabajar de lo suyo y el blog era algo aparte, una forma de contactar con el mundo. El viaje, una circunstancia.

Investigué más sobre cómo ganaban dinero los de este sector. Pronto aparecieron en pantalla los gurús del marketing online, esos que ganan visitas explicándote cómo ganar visitas, que venden infoproductos sobre cómo vender infoproductos, esos que te explican cómo ganar dinero con sus blogs de viajes cuando sus blogs no son de viajes. Y no pasa nada, ¿eh? La mayoría son muy diestros en lo suyo y realmente viven de ello, yo les felicito. De hecho, nadie le pone a uno una pistola para convertirse en un feligrés de los gurús que perpetúen su doctrina. Pero eso no es para mí. ¿Por qué? Dos razones.

  • Pues primero, porque aunque me gusta el marketing y sigo formándome en él a diario no me apasiona como para hacer un trabajo de ello. No es muy pragmático pero es la verdad. Y si uno no ama lo que hace, lo hará a desgana. Es obvio que es mucho mejor que tu oficina pueda estar en un chiringuito de la playa al octavo piso de una compañía gris y metálica donde te toca registrar cada entrada y salida aunque el trabajo no sea tu favorito, pero la cuestión se mantiene: hay que amar lo que se hace.
  • Segundo, porque le pese a quien le pese, en cuanto que se lleve una web gurú entran en juego en mayor o menor medida las transacciones con humo, el engañismo, el marketing a media asta, la necesidad de generar afiliación a cualquier precio… Porque la gente quiere ganar dinero. Todos queremos, qué demonios. Pero no es lo mismo cobrar por hacer una ilustración digital que cobrar por venderle a un tipo un curso sobre cómo hacer un curso para monetizar su página. O lo que es peor… ¡hacerlo por fascículos!

El porcentaje de blogs de viajes que ganan dinero como para vivir es ínfimo. No miento si digo 1 de cada 100. Sin embargo, el porcentaje que gana dinero con estas prácticas de marketing ya es bastante superior. ¿Por qué? Porque cuando no hay otra habilidad que vender, no hay mejor manera de ganar pasta que enseñarle a alguien cómo puede ganar pasta. Y es que todos deseamos desprendernos de la dependencia, queremos ser nuestros propios jefes, ansiamos libertad. ¿Cómo no va a ser fácil caer si alguien nos ofrece eso? Pero no todo el mundo sabe implementar estas ideas, no todo el mundo tiene la capacidad, o sabe vender sus habilidades apropiadamente. Y con un par de cursetes, para muchos no es suficiente. Muchos de estos blogs gurú profesionales dejan la nota, el disclaimer. Dicen que a pesar de llevar a cabo lo que comentan toca hacer un gran esfuerzo. Y así una buena frotada de manos, y más cursos, y más coaching… Algunos alumnos lo logran, pero la mayoría no. La mayoría se queda en el ciclo. Es la serpiente uróboros, el dragón que se muerde la cola. No way, my friend. Puede que a otros les guste el camino, y les invito a seguirlo. Yo, al menos, veo algo sombrío en él y me es imposible.

El camino más complicado

Creo que en este mundo es importante mirarse al espejo y saber quién es ese que se refleja en él. Si nos encontramos ante una máscara o ante un desconocido, vamos mal.

Debo admitir que por un tiempo pensé que lo del marketing sería buena opción. Es tentador, ¿verdad? Hay que ser honestos. Y siempre he pensado que se me daría bien trabajar en ello, pero mi sentido de la ética no me permite hacerlo, al igual que no me permite cobrar por promocionar algo que no he probado o hablar bien de algo cuando mi experiencia ha sido opuesta sólo porque me van a pagar. Tengo que vivir conmigo mismo el resto de mi vida, y eso es una putada, pero qué se le va a hacer. Me gusta poder mirarme a los ojos por las mañanas sin sentir vergüenza.  No todo el mundo es capaz de decir “trabajas entregando una parte de lo que hay en tu alma, la gente lo agradece y desea adquirirlo. Desea obtener esa parte de tu alma y beneficiarse de lo que implica. Enhorabuena”

Y es eso, precisamente, lo que deseo. Y es tremendamente jodido, para qué negarlo. Estar orgulloso de mí mismo, no por lo mucho que vendo, por ser el más famoso o cosas así de superfluas. A mi eso me da lo mismo. Lo que quiero es levantarme por las mañanas, sentarme a escribir y saber que la gente que lee lo que hago es un poquito más feliz al hacerlo, y que eso, a la vez, me da de comer. Para mí eso es más que suficiente.

Así fue que, devanándome los sesos sobre qué trabajo desempeñar, me sorprendí al darme cuenta de que lo que llevo haciendo desde hace quince años es escribir, y es lo que más feliz me hace. Trabajo arduo, el de transformarme en escritor; pero sigo pensando que con empeño uno puede llegar a cualquier parte. Soy miembro de esa generación que se cree capaz de cualquier cosa. Ya os iré contando si el esfuerzo me lleva a donde deseo, pero os puedo confirmar desde ya que está valiendo la pena.

Por eso os invito a eso mismo. A miraros al espejo, a identificar lo que amáis. Lo que amáis de verdad, y hacerlo. A encontrar vuestro camino. ¿A tí, qué te hace feliz?

 


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Graduado en Turismo, mis mayores pasiones son viajar por el mundo y practicar artes marciales. Buscador de aventuras y experiencias, otras de mis aficiones son el diseño gráfico, bucear, el snowboard, los cómics y la escalada.

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